Vamos a Contar Mentiras
Yo no te quiero, claro que te quiero. Ayer fui a llamar desde un celular de la calle… pedí un minuto a comcel… marque mi propio número (mi celular estaba en silencio)… espere que timbrara. Devolví el teléfono diciendo que no me habían contestado. No me cobraron nada.
Esto es, claro está, muchas cosas a la vez. Por un lado, la capacidad histriónica de mis personajes, su capacidad de ser lo que quiero que sean en medio del lugar que he fabricado. Su mutismo, su soledad. Son mentirosos como yo. ¿Cuándo es que han salido de esa línea de equilibrio? Al principio todo clasificado, ordenado. Ya lo he dicho antes: las bolsas de basura dobladas, los ganchos del mismo color y las bolsas de arroz congelado del mismo tamaño con una cinta de enmascarar marcándolas. Igualita al perro de porcelana de la sala. Sigue pasando el tiempo y esas estrategias se van desvaneciendo. Cuando cae agua sobre una superficie que ha tenido pintura ésta se destiñe, sólo quedan las marcas en algunos lugares rugosos donde habría que usar un cepillo para quitar la pintura. Esos lugares rugosos, en este caso, son los objetos. Guardan en su interior ese orden del que fui objeto, observador y víctima pero ahora encantadores y tristes.
Antes de Empezar
Un Cuarto Propio?